Hacer preguntas
17 de febrero de 2026
Hoy me quedé pensando, ¿cómo aprendí a hacer preguntas? ¿Quién me enseñó? No me acuerdo.
De lo que sí me acuerdo es que en la primaria no me gustaba preguntar en clase. Me daba miedo que mi pregunta fuera a ser de esas preguntas tontas que según los maestros decían que no existían. Yo pensaba que obvio sí existían porque veía como cambiaba su cara con algunas preguntas que hacían mis compañeros. Tampoco me animaba a preguntar porque temía que fuera algo que ya hubieran dicho y que me fueran a regañar por no estar poniendo atención. Así que prefería preguntarle a quienes estaban cerca de mí porque eso de preguntar en público no me gustaba.
Con mis amigxs preguntaba lo básico, aunque ahora que lo pienso eran preguntas sencillonas, la mayoría se contestaba con un sí o con un no. Ah, bueno y con quienes tenía más confianza sí me animaba a preguntar ¿cómo le haces para hacer tal cosa? Y con quienes tenía todavía más confianza era mandarle un papelito en clase con un ¿qué te dijo? ¿y tú qué le dijiste? Me acuerdo que también me llegué a animar a preguntar ¿estás enojada conmigo? ¿Hice algo que te molestara? ¿Todavía te gusto? Esta última fue por mensaje de texto, tampoco era tan valiente. Ahora que lo pienso, estas eran preguntas de las que genuinamente quería saber la respuesta y por eso me animaba a hacerlas. Como que en ese punto de mi vida todavía no veía las preguntas como una manera de ser cool y hacerme notar.
Muchos años después de la primaria, siendo estudiante de posgrado, me doy cuenta de que hacer preguntas tiene su chiste. Por ejemplo, cada vez me topo más con estas “sesiones de preguntas” en las que las personas en vez de preguntar, optan por dar sugerencias y comentarios que a veces ni tienen que ver con lo que la persona estaba presentando. Me da la sensación de que estas personas solo querían hablar o tal vez les ha tocado ver que eso se hace en las sesiones de preguntas y lo replican. Quizás están saturadxs de información y ven esas sesiones como un lugar para depositarla. Chance también opten por querer verse muy sabelotodos aprovechando que hay audiencia, je. En todo caso creo que el nombre “sesiones de preguntas” no hace mucho sentido. Podría llamarse como algo así como “intercambio de datos random”. Tampoco descartaría que participen por compromiso y que realmente no quieran saber más sobre el tema que se presentó.
Una vez me tocó cubrir una clase y me sentí muy tentada a empezar mi speech con una pregunta para según yo causar intriga y de paso verme bien chida, pero luego me quedé pensando ¿qué tal que sí me la saben responder? Si eso pasaba me quedaba sin la intro del tema que quería presentar. Lo que me hizo recordar que se me hacía bien chafa cuando alguien de la clase sí daba la respuesta correcta y lx profesorx se negaba a darle el crédito diciendo “más o menos, por ahí va”, pero que ya que lo explicaba era justo lo que había dicho la persona. Entiendo que era parte del show, pero me daba coraje que no le dieran el crédito.
Esto me deja pensando si el andar oxidadxs para hacer preguntas tiene que ver con causar una buena impresión. De hecho, no me crean mucho pero creo que empecé a sentir estas ganas de impresionar al preguntar cuando empecé a escuchar los “ah, qué buena pregunta” de lxs profesorxs. Conforme lean más de mis textos se irán dando cuenta que uno de mis temas a trabajar es la búsqueda constante de reconocimiento, eso está en proceso, pero aquí el punto es que después de escuchar ese cumplido, surgió en mí este deseo de querer impresionar al preguntar.
No diría que ya se me quitó, ahí sigue bien escondido porque lo que bien se aprende cuesta un chingo olvidarlo. Solo que estando en el posgrado me di cuenta de que me da mucha hueva cuando las personas preguntan para hacerse los cools. De hecho, decidí escribir este texto un día en el que me pidieron presentar mi proyecto en clase y cuando la profa abrió la sesión de preguntas, mi otro compañero (solo éramos 2 porque posgrado) se puso a namedropear, a sugerirme que buscara a tal profesor bien chido con el que él había trabajado o a su compa que era también un fregón. Eso se me hizo bien chafa. Digamos que esa era la respuesta promedio de investigadorxs que ya llevan vario rato en ese ambiente, pero el morro andaba digamos fresco, llevaba más o menos el mismo tiempo que yo haciéndole al investigador. Entonces me entró la duda de si yo también ya andaba chafeando en preguntar.
Intento que esa duda no haga que me ponga a darle muchas vueltas a preguntar, así como me pasaba en la primaria. Lo que sí tengo más o menos claro es que si pregunto nomás por preguntar luego termino empezando conversaciones que ni quería tener por hacerme, según yo, la interesante o la interesada. Y ya para cerrar, siguiendo con esas inquietudes de la primaria, no sé si diría que no hay preguntas tontas, pero lo que sí creo es que es tonto de mi parte no preguntar cuando neta quiero saber. Tanto en esos escenarios como en los que me dan ganas de preguntar por preguntar quiero ser más honesta conmigo para andar menos oxidada con la preguntadera y así poder cotorrear más a gusto.